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Ser auténtico no es convertir a los demás en espectadores de todo lo que sientes

22 sept
5 min de lectura

"Yo solo estoy siendo auténtico".

Pocas frases se utilizan con tanta facilidad para justificar palabras que nunca debieron pronunciarse de esa manera.

Un líder descarga su frustración sobre el equipo y lo llama transparencia. Una persona comparte detalles íntimos con alguien que no pidió conocerlos y lo llama vulnerabilidad. Alguien expresa cada molestia en cuanto aparece, sin preguntarse si es el momento, el lugar o la persona indicada, y lo llama honestidad.

Después afirma: "Así soy yo. No me gusta fingir".

Pero ser auténtico no significa decir todo lo que piensas, mostrar todo lo que sientes ni darle acceso inmediato al micrófono a cada emoción.

La autenticidad no consiste en convertir a las personas en espectadoras de nuestro mundo interior. Consiste en vivir sin fabricar una identidad para conseguir su aprobación.¹

Parece lo mismo, pero no lo es.

La autenticidad no es una transmisión en vivo

Nos cansamos de las apariencias.

El problema es que, al intentar escapar de ellas, podemos caer en el extremo opuesto: creer que todo lo privado debe hacerse público para ser verdadero. Como si poner límites fuera fingir. Como si guardar silencio fuera mentir. Como si regular una emoción fuera traicionarnos.

Pero una vida auténtica no necesita transmitirse en vivo.

No todo lo verdadero debe decirse. No todo lo que debe decirse necesita decirse ahora. Y no todo el mundo tiene derecho a escuchar todo lo que ocurre dentro de ti.

Eso no es hipocresía. Es discernimiento.

Sentir algo no te obliga a expresarlo de inmediato

Las emociones son información importante, pero no siempre ofrecen instrucciones confiables.

El enojo puede señalar que se cruzó un límite; también puede exagerar una amenaza. El miedo puede advertirnos de un peligro; también puede alejarnos de una conversación necesaria. La tristeza puede mostrarnos una pérdida que debemos atender; también puede oscurecer temporalmente nuestra interpretación.

Sentir algo intensamente no garantiza comprenderlo correctamente.

La madurez emocional no consiste en negar lo que sentimos ni en obedecerlo automáticamente. Consiste en escucharlo, examinarlo y decidir qué hacer con ello.

Entre sentir y actuar debe existir un espacio. En ese espacio aparecen preguntas que la impulsividad no quiere responder:

  • ¿Qué me está pasando realmente?

  • ¿Qué parte de esta emoción pertenece a la situación y cuál pertenece a mi historia?

  • ¿Qué necesito procesar antes de hablar?

  • ¿Con quién corresponde tener esta conversación?

  • ¿Qué efecto puede producir la manera en que estoy a punto de expresarme?

Ser auténtico no significa saltarse estas preguntas. Significa responderlas sin mentirse.

La honestidad sin responsabilidad también puede hacer daño

A veces decimos: "Necesito sacar esto", como si la urgencia de expresarlo convirtiera automáticamente a otra persona en el recipiente correcto.

Pero desahogarme no es lo mismo que comunicarme.

Cuando me desahogo, mi prioridad es aliviar lo que llevo dentro. Cuando me comunico, también considero lo que la otra persona necesita comprender y lo que podrá hacer con mis palabras.

Puedo decir algo verdadero de una manera innecesariamente cruel. Puedo compartir una emoción legítima en un momento inoportuno. Puedo revelar información personal que coloque sobre alguien una carga que no le corresponde.

La verdad no deja de ser verdad, pero su expresión puede seguir siendo irresponsable.

En todos esos casos existe sinceridad. Lo que falta es cuidado.

La autenticidad madura no pregunta solamente: "¿Es verdad lo que voy a decir?". También pregunta: "¿Me corresponde decirlo, a quién, de qué manera y con qué propósito?".

Tu equipo no fue contratado para procesarte emocionalmente.

Vulnerabilidad no es exposición indiscriminada

La vulnerabilidad es necesaria para construir relaciones profundas. No podemos ser conocidos si nunca permitimos que alguien vea nuestras dudas, errores, necesidades o luchas. Quien dedica toda su energía a parecer fuerte terminará rodeado de personas que conocen su personaje, pero no necesariamente a él.

Sin embargo, la alternativa no es abrir todas las puertas.

La vulnerabilidad sin límites puede convertirse en exhibicionismo emocional. Compartimos mucho, demasiado rápido y con demasiadas personas, no porque exista confianza, sino porque deseamos sentir una conexión inmediata.

La confianza no se demuestra eliminando todos los límites. Se construye descubriendo cuáles puertas pueden abrirse, ante quién y en qué momento.

Especialmente cuando lideramos, nuestras palabras llegan acompañadas por el peso de nuestra posición. Esto no significa fingir seguridad permanente. Significa procesar algunas emociones con pares, mentores, amigos, terapeutas o personas de confianza antes de colocarlas frente a quienes dependen de nuestra dirección.

Tu equipo merece conocerte como ser humano. No tiene que convertirse en el encargado de sostenerte emocionalmente.

La máscara y el derrame pueden nacer del mismo lugar

A primera vista, esconderlo todo y mostrarlo todo parecen comportamientos opuestos. No siempre lo son. Ambos pueden estar gobernados por la opinión ajena.

La máscara dice: "Mostraré únicamente aquello que consiga su aprobación". El derrame emocional dice: "Les mostraré todo para que confirmen que soy real, valiente o transparente".

En ambos casos, los demás siguen ocupando el centro.

La verdadera autenticidad comienza cuando dejo de utilizar mi imagen —perfecta o vulnerable— para controlar cómo quiero ser percibido.

No necesito parecer invulnerable. Tampoco necesito demostrar mi autenticidad mediante una exposición constante.

Primero procesa; después comparte

Antes de revelar algo importante, pasa lo que quieres decir por cuatro filtros:

Propósito

¿Por qué quiero compartirlo? ¿Busco claridad, ayuda, conexión o rendición de cuentas? ¿O solamente quiero aliviarme?

Persona

¿Es alguien confiable, capaz y apropiado para recibir esto? ¿La relación tiene suficiente profundidad para sostenerlo?

Proceso

¿Comprendo mínimamente lo que siento o estoy invitando a otros a entrar en una confusión que todavía me corresponde ordenar?

Posible impacto

¿Qué efecto producirá esta información? ¿Dará claridad y permitirá actuar, o dejará a la otra persona cargando algo sobre lo que no tiene responsabilidad ni capacidad de respuesta?

Estos filtros no buscan censurarte. Buscan ayudarte a convertir una emoción en comunicación responsable.

En ocasiones decidirás hablar con mayor claridad. En otras, cambiarás de interlocutor. Y algunas veces descubrirás que lo más auténtico es callar por un tiempo.

No todo silencio es una apariencia

Guardar silencio también puede ser una forma de esconderse. Podemos utilizar la prudencia como excusa para evitar una conversación incómoda. Podemos afirmar que "estamos procesando" cuando en realidad tememos ser conocidos. Podemos hablar de límites mientras levantamos muros.

El discernimiento no debe servirnos para volver a la apariencia.

La pregunta no es solamente cuánto compartimos, sino por qué lo hacemos o dejamos de hacerlo.

¿Estoy callando porque necesito comprender mejor lo que sucede o porque temo decepcionar? ¿Estoy protegiendo algo que merece privacidad o una imagen que quiero conservar? ¿Estoy esperando el momento correcto o esperando que el problema desaparezca?

La autenticidad requiere valor para hablar cuando es necesario y dominio propio para no hablar de cualquier manera. Necesita apertura y límites. Honestidad y empatía. Verdad y responsabilidad.

No consiste en mostrarlo todo

Hay personas que necesitan escuchar de ti: "Me equivoqué". Otras necesitan saber: "Esto me dolió". Quizá alguien lleva tiempo esperando que admitas: "No tengo todas las respuestas" o "Necesito ayuda".

No quiero invitarte a esconder esas palabras. Quiero desafiarte a decirlas de una manera que construya, no que simplemente te descargue.

Tu responsabilidad no termina cuando expresas lo que sientes. También incluye hacerte cargo del efecto de expresarlo.

La autenticidad no es ausencia de filtro. Es ausencia de falsedad.

No exige que todos tengan acceso a ti. Exige que quienes sí lo tengan no encuentren un personaje cuidadosamente fabricado. No te obliga a revelar cada batalla mientras la estás peleando. Te invita a dejar de fingir que nunca peleas ninguna.

Antes de decir "yo solo estoy siendo auténtico", detente y pregúntate:

  • ¿Estoy compartiendo para construir una relación o utilizando una relación para vaciar lo que siento?

  • ¿Esta persona necesita conocerlo o yo necesito que alguien lo escuche?

  • ¿Estoy hablando desde una emoción procesada o entregándole a otro la responsabilidad de ordenarla?

  • ¿Mi honestidad está acompañada por amor, límites y conciencia de su impacto?

Ser auténtico requiere valor, pero no solamente el valor de mostrarse. También el valor de procesarse, contenerse, elegir bien y hacerse responsable.

Las personas que te rodean no fueron llamadas a ser espectadoras de todo lo que sientes. Fueron llamadas a relacionarse contigo.

Y una relación auténtica no se construye mostrando todo. Se construye compartiendo lo verdadero con sabiduría.

Fuentes referenciales

¹ Mendoza, A. (s. f.). ¡Mala mía!—Estrategia madre [Manuscrito inédito]. https://docs.google.com/document/d/16A6FMkkQlAC9CeQKLVJjvTC4La2ybZyjuPVvGDGGd2o/edit

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