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La innovación también puede excluir: el costo de no mirar quién queda fuera

8 oct
4 min de lectura

Hay cambios que se anuncian como progreso para todos y, sin intención, terminan funcionando bien solo para algunos.


Una nueva plataforma, una política de flexibilidad, un sistema de evaluación o una herramienta de inteligencia artificial puede mejorar el trabajo. Pero la pregunta responsable no termina en «¿funciona?». También necesita preguntar: «¿Para quién funciona y para quién no?».


Un estudio piloto con 1,260 profesionales de inteligencia artificial y aprendizaje automático encontró diferencias persistentes en pertenencia, accesibilidad, crecimiento, bienestar y experiencia laboral entre distintos grupos.¹ La conclusión no es que toda innovación sea injusta. Es que una solución promedio puede ocultar costos desiguales.


La intención no reemplaza la experiencia

Los líderes solemos evaluar una iniciativa desde el diseño: qué problema intenta resolver, cuánto cuesta y qué indicador mejorará. Las personas la evalúan desde el uso: cuánto esfuerzo adicional exige, qué barreras crea y si pueden participar sin esconder una parte de sí mismas.


Puedes tener una intención inclusiva y producir una experiencia excluyente. Reconocerlo no invalida el proyecto; te da la oportunidad de corregirlo.


Tres preguntas antes de llamar éxito a un cambio

¿Quién obtiene el beneficio más rápido?

Si los primeros beneficiados siempre son quienes ya tienen más información, tiempo, autonomía o cercanía con el poder, la iniciativa puede ampliar una brecha existente.


¿Quién absorbe el trabajo invisible?

Cada cambio crea tareas de adaptación. Alguien aprende el sistema, traduce instrucciones, corrige datos, responde dudas y sostiene emocionalmente al equipo. Si ese esfuerzo no se reconoce, el éxito aparente descansa sobre una carga escondida.


¿Quién no estuvo en la conversación?

La ausencia de quejas no equivale a ausencia de problemas. Algunas personas guardan silencio porque no esperan ser escuchadas o porque hablar tiene un costo. Busca activamente las voces menos representadas.


Incluir no es bajar el estándar

La inclusión bien entendida no elimina exigencia. Mejora el diseño para que más personas puedan responder a ella. A veces requiere capacitación diferenciada, canales accesibles, criterios más claros o tiempo suficiente para aprender.

También requiere humildad. Una iniciativa puede ser técnicamente correcta y humanamente torpe. Un buen líder no se defiende diciendo «nadie quiso excluir». Revisa la experiencia, asume la parte que le corresponde y ajusta.


Convierte la revisión en una disciplina

Elige un cambio reciente y reúne evidencia de tres fuentes: datos de uso, conversaciones con personas afectadas y observación directa del flujo de trabajo. No busques confirmar que la decisión fue buena. Busca descubrir qué no viste.


La innovación no se vuelve menos valiosa cuando admite correcciones. Se vuelve más responsable. El progreso que vale la pena no solo avanza; también aprende a mirar a los lados.

Los promedios pueden esconder a las personas

Una innovación puede mejorar el resultado general y, al mismo tiempo, empeorar la experiencia de un grupo específico. Si solo observamos el promedio, declararemos victoria demasiado pronto.


El estudio piloto de Abdulsalam y sus colegas reunió respuestas de 1,260 profesionales de inteligencia artificial y aprendizaje automático, tanto de industria como de academia.¹ Encontró diferencias persistentes en pertenencia, accesibilidad, crecimiento, bienestar y experiencia laboral entre grupos subrepresentados. Las personas con discapacidad reportaron una experiencia especialmente desfavorable.

El estudio es exploratorio, se concentra en la comunidad de IA y no demuestra que toda organización reproduzca los mismos patrones. Sin embargo, deja una advertencia útil: implementar políticas o herramientas inclusivas no garantiza que todos perciban su beneficio de la misma manera.


La existencia de una iniciativa no es evidencia suficiente de su impacto.


Accesibilidad no es una corrección posterior

Con frecuencia diseñamos para una persona imaginaria: tiene buena conexión, domina el idioma, comprende la tecnología, puede ver y escuchar sin barreras, dispone de tiempo y se siente segura haciendo preguntas.


Después aparecen las excepciones. Entonces tratamos de “adaptar” el sistema.

El problema es que muchas de esas personas no son excepciones. Son parte del equipo desde el principio.


Incluir la accesibilidad en el diseño inicial cambia las preguntas. En lugar de preguntar cómo ayudaremos a alguien a adaptarse a nuestra solución, preguntamos qué barreras estamos creando y cuáles podemos eliminar antes del lanzamiento.


Esto puede significar ofrecer más de un formato, probar la herramienta con perfiles distintos, utilizar lenguaje comprensible, garantizar compatibilidad tecnológica o permitir canales alternativos para participar y reportar dificultades.


La innovación madura no espera a que alguien fracase para descubrir que nunca pudo entrar.


Escucha la experiencia, no solo la intención

Los líderes suelen evaluar una iniciativa desde lo que quisieron hacer. Las personas la evalúan desde lo que vivieron.


Ambas perspectivas importan, pero no pesan igual cuando queremos conocer el impacto.


Decir “nunca quisimos excluir a nadie” puede ser cierto y seguir siendo insuficiente. La intención explica el origen; la experiencia muestra el resultado. Defender demasiado rápido la intención cancela información que podría ayudarnos a corregir.


Una respuesta más responsable sería: “No era el efecto que buscábamos. Ayúdame a entender dónde ocurrió y qué debemos cambiar”.


Esa frase no acepta automáticamente toda interpretación. Abre una investigación.


Prueba antes de escalar

Antes de convertir una innovación en estándar para toda la organización, pruébala con un grupo suficientemente diverso. No busques solamente usuarios entusiastas. Incluye a quienes tienen menos experiencia, otros idiomas, distintas responsabilidades, limitaciones de tiempo o necesidades de accesibilidad.

  • Durante la prueba, observa al menos cuatro cosas:

  • Quién obtiene valor sin ayuda adicional.

  • Quién necesita más tiempo o acompañamiento.

  • Quién abandona el proceso y en qué punto.

  • Qué trabajo adicional aparece para compensar defectos del sistema.

  • Después separa dos decisiones: si la idea merece continuar y qué debe cambiar antes de crecer.


Una herramienta prometedora no pierde valor porque encontremos barreras. Gana posibilidades de servir mejor.


La pregunta que protege la innovación

Cada vez que un equipo diga “funcionó”, agrega una pregunta: “¿Para quién?”.

No es una forma de desacreditar el avance. Es una manera de evitar que el entusiasmo silencie a quienes están pagando el costo.


Innovar no consiste solamente en llegar antes. También consiste en mirar con suficiente amplitud para que el progreso no dependa de dejar a alguien fuera.


Para llevarlo a la práctica: Revisa una iniciativa actual y pregunta quién se beneficia, quién se adapta y quién quedó fuera.

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Fuentes referenciales
  1. Abdulsalam, Y. S., Hall, S. M., Quintero-Ossa, A., Agnew, W., Muntean, C., Tan, S., Heady, A., Thais, S., & Schrouff, J. (2025). Enduring disparities in the workplace: A pilot study in the AI community. arXiv. https://arxiv.org/abs/2506.04305

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