Cómo nos desconecta sin que lo notemos Hay una escena en ¡Mala Mía! que muchos lectores me han dicho que les dolió más de lo que esperaban: aquel momento en el que, dominado por el cansancio, el estrés, la inseguridad y unas heridas que no había sanado, reaccioné con dureza y terminé expulsando a mi suegra de la casa en pleno invierno, a días del nacimiento de mi hija Isa. No fue mi mejor versión. Fue un “¡Mala mía!” monumental. Pero lo más doloroso no fue el hecho, sino lo