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Responsabilidad sin persecución

El arte de ser dueño de lo que prometo


Uno de los síntomas más claros de una mala ejecución no es la falta de talento ni de recursos.Es algo más silencioso —y más dañino—: Nadie se siente realmente dueño.


Todos están ocupados.Todos parecen comprometidos.Pero cuando algo no ocurre… no hay responsables claros, solo explicaciones.


Este artículo aborda un punto crítico del modelo de Ejecución Disciplinada: la responsabilidad personal y compartida, sin persecución, sin microgestión y sin dramas. Porque la ejecución se rompe cuando la responsabilidad se diluye.


El falso dilema: responsabilidad vs. control

Muchos líderes cargan con una tensión constante:

  • Si exijo, parezco controlador

  • Si no exijo, las cosas no ocurren


Entonces oscilan entre dos extremos:

  • El líder perseguidor que empuja todo

  • El líder ausente que espera que “la gente se haga cargo”


Ambos extremos fallan.


La responsabilidad sana no necesita persecución, pero sí necesita claridad y seguimiento. Aquí va una frase que uso mucho en mentoring:

La gente no necesita que la persigan; necesita saber qué prometió, para cuándo y con qué criterio.


La ejecución falla cuando la responsabilidad es implícita

Gran parte de los problemas de ejecución nacen aquí:

  • Compromisos no verbalizados

  • Expectativas asumidas

  • Responsabilidades compartidas entre demasiadas personas


Y entonces nadie es dueño. Cuando todos son responsables, nadie lo es.


He visto equipos completos asumir que “alguien más” se haría cargo.No por mala intención, sino por falta de acuerdos explícitos.


“Esto es mío”: la frase que cambia la ejecución

En organizaciones con buena ejecución hay una frase que se escucha seguido: “Esto es mío.” No con soberbia.Con responsabilidad. Esa frase:

  • Reduce fricción

  • Aumenta autonomía

  • Disminuye excusas

  • Mejora el seguimiento


La ejecución avanza cuando alguien puede decir con claridad:

  • Qué le toca

  • Para cuándo

  • Con qué estándar


Como insistía Andy Grove, “si no puedes medirlo, no puedes gestionarlo”.Y yo añadiría: si no puedes asignarlo, tampoco puedes ejecutarlo.


Buena intención no es compromiso

Aquí hay otra confusión común: Querer hacerlo ≠ comprometerse a hacerlo.


La buena intención tranquiliza la conciencia,pero no mueve la ejecución. Un compromiso real tiene tres elementos no negociables:

  1. Acción concreta

  2. Responsable definido

  3. Fecha clara


Si falta uno, no hay compromiso.Hay deseo. Y los deseos no se ejecutan.


Responsabilidad compartida no significa responsabilidad difusa

En el discurso moderno se habla mucho de trabajo colaborativo —y con razón—.El problema es cuando la colaboración se usa como excusa para no asignar responsables claros.


Colaborar no elimina la necesidad de un dueño. Siempre debe haber alguien que:

  • Integre

  • Dé seguimiento

  • Rinda cuentas


Como explica Larry Bossidy, la ejecución ocurre cuando las conversaciones bajan al terreno de quién hace qué y cuándo. Sin eso, todo queda en buenas intenciones.


El líder como arquitecto de la responsabilidad

Aquí va una verdad que incomoda a algunos líderes:


Si tienes que perseguir constantemente, el problema no es la gente; es el sistema.


La responsabilidad no se impone con presión,se diseña con claridad. El rol del líder no es recordar todo, sino crear un sistema donde las promesas sean visibles y revisables. Cuando el sistema es claro:

  • El seguimiento no se siente personal

  • La revisión no se vive como ataque

  • El error se convierte en aprendizaje


Responsabilidad sin vergüenza, pero con verdad

Otro error común es usar la responsabilidad como herramienta de castigo. Eso genera:

  • Ocultamiento

  • Justificaciones

  • Miedo a admitir errores


La ejecución disciplinada necesita otro enfoque: Revisar sin justificar, aprender sin culpar, ajustar sin humillar.


Aquí conecto mucho con la lógica de David Allen: cuando lo pendiente no está claro y visible, se convierte en carga mental. La claridad libera. La ambigüedad agota.


La escena clásica de la responsabilidad diluida

Tal vez esto te resulte familiar:

En una reunión alguien pregunta:— “¿Eso ya quedó?” Silencio. Miradas cruzadas.

Alguien dice:— “Creo que sí…”Otro responde:— “Yo pensé que tú lo verías…”


Ese momento no es falta de compromiso. Es falta de acuerdos explícitos. Y se repite más de lo que quisiéramos admitir.


Tres niveles de responsabilidad que debes cuidar

Te propongo un marco simple para evaluar la responsabilidad en tu contexto:

  1. Responsabilidad individual

    ¿Cada tarea tiene un dueño claro?

    ¿Ese dueño lo sabe y lo acepta?

  2. Responsabilidad del proceso

    ¿Existe un espacio regular para revisar compromisos?

    ¿O solo reaccionamos cuando algo falla?

  3. Responsabilidad cultural

    ¿Se puede decir “no cumplí” sin miedo?

    ¿Se aprende del error o se castiga?


Si uno de estos niveles falla, la ejecución se resiente.


Preguntas incómodas (otra ronda)

Déjame incomodarte un poco más —porque vale la pena—:

  • ¿Qué compromisos estás esperando que otros asuman sin haberlos acordado?

  • ¿Dónde prometes más de lo que puedes cumplir?

  • ¿Qué estás postergando por no querer “quedar mal”?

  • ¿Qué tendrías que decir para que la ejecución fluya mejor?


La honestidad aquí es liberadora.


Acción práctica: convertir intención en compromiso

No quiero que este artículo se quede en reflexión. Aquí te va otro ejercicio de responsabilidad (15–20 minutos):

Toma una prioridad actual y escríbela así:

  • Acción concreta:“Voy a…”

  • Responsable:“Yo me hago cargo de…”

  • Fecha:“Para el día…”


Luego pregúntate:

  • ¿Es realista?

  • ¿Es visible?

  • ¿Estoy dispuesto a rendir cuentas?


Si no, ajusta antes de prometer.


Responsabilidad también es renegociar

Un punto clave que muchos olvidan: Ser responsable no es cumplir siempre; es renegociar a tiempo. La irresponsabilidad no es fallar,es callar cuando ya sabes que no llegarás.


Renegociar:

  • Protege la confianza

  • Evita sorpresas

  • Mantiene la integridad


La ejecución disciplinada necesita conversaciones honestas, no héroes silenciosos.


La responsabilidad honra la palabra

Quiero cerrar con esta idea central: La ejecución no se sostiene con presión, sino con personas que honran lo que prometen.


Cuando cada quien se siente dueño:

  • La persecución desaparece

  • El seguimiento fluye

  • La confianza crece


La responsabilidad no es una carga.Es una forma de integridad en acción.


En el próximo artículo hablaremos de ritmo vs. intensidad: por qué la disciplina sostenida vence a los picos heroicos. Por ahora, quédate con esto:


Cuando alguien dice “esto es mío”, la ejecución deja de ser un problema y empieza a ser una práctica.


Seguimos.


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©Ale Mendoza 2026

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