Hábitos
- Alejandro Mendoza
- 6 ene
- 4 Min. de lectura
De la intención a los resultados reales
La mayoría de las personas no falla por falta de ideas.Ni siquiera por falta de claridad.
Falla por algo más sencillo —y más incómodo—: No traduce lo que sabe en comportamientos repetidos.
Tenemos buenas intenciones. Leemos libros.Asistimos a talleres. Salimos motivados.
Y, aun así, semanas después… todo sigue igual.
Este artículo es una invitación directa a cerrar esa brecha:la distancia entre intención y resultado. Porque en ejecución disciplinada, los hábitos mandan.
La verdad incómoda sobre el cambio
Permíteme empezar con una frase directa:Las organizaciones no cambian por decisiones estratégicas, cambian por hábitos diarios. Lo mismo aplica a las personas.
Puedes:
Definir prioridades claras
Acordar compromisos explícitos
Diseñar métricas inteligentes
Pero si eso no se traduce en acciones observables y repetidas, la ejecución se diluye. La cultura no se define en los valores escritos,sino en lo que la gente hace sin pensarlo demasiado.
Hábitos: el puente entre pensar y hacer
Un hábito es una acción que:
No depende del ánimo
No requiere debate constante
No necesita recordatorios heroicos
Los hábitos:
Simplifican decisiones
Reducen fricción
Sostienen la disciplina
Por eso, en el modelo liffe de Ejecución Disciplinada, los hábitos no son opcionales.Son la columna vertebral.
El error de querer cambiar todo al mismo tiempo
Aquí veo caer a mucha gente bien intencionada.
Quieren:
Más enfoque
Más orden
Más disciplina
Mejores resultados
Todo al mismo tiempo. Y entonces no sostienen nada. El cambio real no ocurre por acumulación de buenas ideas, sino por repetición de pocas prácticas clave. Menos hábitos.Mejor elegidos.Más consistentes.
Los 5 hábitos que sostienen la ejecución disciplinada
Quiero recorrer contigo los cinco hábitos del modelo, no como lista bonita, sino como comportamientos concretos.
Hábito 1: Aclarar antes de actuar
Este hábito parece obvio… hasta que te das cuenta de cuántas veces no lo practicas.
Aclarar implica detenerte para responder:
¿Qué resultado buscamos?
¿Cómo se ve “bien hecho”?
¿Cuál es el siguiente paso concreto?
Cuando este hábito falta:
Se ejecuta rápido
Se corrige mucho
Se frustra a la gente
Como diría Peter Drucker, hacer lo correcto importa más que hacer muchas cosas.
Comportamiento observable:Antes de actuar, el líder hace al menos 3 preguntas de claridad.
Hábito 2: Elegir 1–3 prioridades reales
Este hábito es incómodo porque obliga a descartar. No se trata de negar que muchas cosas importan, sino de reconocer que no todo puede recibir la misma energía al mismo tiempo.
Elegir pocas prioridades:
Enfoca la atención
Reduce el desgaste
Mejora la ejecución
Comportamiento observable: Cada semana hay máximo 3 prioridades visibles y protegidas.
Hábito 3: Convertir intención en compromiso
Aquí se rompe mucha ejecución. Decimos:
“Hay que hacerlo”
“Sería bueno avanzar”
“Lo vemos luego”
Eso no es compromiso. Un compromiso real siempre tiene:
Acción
Responsable
Fecha
Como insistía David Allen, lo que no se captura y se define claramente se convierte en carga mental.
Comportamiento observable: Los compromisos se escriben y se revisan, no se asumen.
Hábito 4: Revisar con honestidad
Este hábito es clave y frágil. Revisar no es justificar. No es explicar por qué no se pudo.No es buscar culpables.
Revisar es preguntar:
¿Avancé o no?
¿Qué bloqueó?
¿Qué ajusto?
Sin revisión honesta:
Se repiten errores
Se pierde aprendizaje
Se normaliza el incumplimiento
Comportamiento observable: Cada semana se revisa lo prometido sin drama ni vergüenza.
Hábito 5: Cerrar ciclos
Nada desgasta más que lo inconcluso. Tareas flotando.Proyectos eternos. Conversaciones a medias.
Cerrar ciclos implica:
Declarar “hecho” o “no hecho”
Registrar aprendizajes
Reajustar con intención
Como recordaba Andy Grove, el progreso requiere cerrar bucles de retroalimentación.
Comportamiento observable: Nada queda indefinidamente “en proceso”.
Los hábitos hacen visible la cultura
Aquí va una idea clave: La cultura no se predica, se practica.
Si en tu equipo:
No se aclara
No se prioriza
No se compromete
No se revisa
No se cierra
No es un problema de actitud. Es un problema de hábitos inexistentes o mal diseñados.
Hábitos pequeños, impacto grande
No subestimes lo pequeño. Un hábito sencillo, repetido durante semanas,tiene más impacto que una gran iniciativa abandonada.
He visto equipos transformarse no por grandes discursos, sino por rituales simples sostenidos en el tiempo. La disciplina no es heroica.Es constante.
Preguntas incómodas (sí, siguen)
Para ti, sin maquillaje:
¿Qué hábito dices que tienes, pero no practicas?
¿Cuál de estos cinco te cuesta más sostener?
¿Qué hábito ya no te sirve, pero sigues repitiendo?
¿Qué cambiaría si practicaras uno solo durante 30 días?
La honestidad aquí es el inicio del cambio.
Acción práctica: elige un hábito y protégelo
No quiero que salgas de este artículo con cinco nuevos propósitos. Quiero que salgas con un hábito en los siguientes 15 minutos
Elige un solo hábito de los cinco.
Define:
¿Cuándo lo practicarás?
¿Cómo sabrás que lo hiciste?
¿Qué lo podría sabotear?
Comprométete a practicarlo durante 14 días seguidos.
No busques perfección. Busca repetición.
El rol del líder frente a los hábitos
Aquí cierro con una verdad clave para cualquier líder: El líder no es quien hace todo, sino quien modela lo que importa.
Si tú no practicas estos hábitos:
No esperes que el equipo lo haga
No culpes a la cultura
No te sorprendas por los resultados
La ejecución se contagia más por ejemplo que por instrucción.
La disciplina vive en los hábitos
Quiero dejarte esta frase final: La intención inspira,el hábito transforma. Si quieres resultados distintos, no empieces por metas más grandes. Empieza por hábitos más claros.
En el próximo artículo hablaremos de rituales de ejecución: cómo llevar estos hábitos al terreno colectivo y convertirlos en cultura visible.
Por ahora, llévate esto contigo: Los hábitos son el lugar donde la ejecución deja de ser teoría y se vuelve vida diaria.
Seguimos.




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