Resiliencia. Más que un concepto, un músculo crítico
- Alejandro Mendoza
- 7 mar 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 15 mar 2025
"La vida no se hace más fácil ni más indulgente, nos hacemos más fuertes y resistentes." - Steve Maraboli
En 2018, enfrenté una temporada en la que parecía que todo se salió de control y y la vida que disfrutaba hasta ese momento estaba a punto de esfumarse. Durante la misma semana de febrero de ese año recibí la noticia que 2 las 3 mujeres más importantes de mi vida – mi esposa Eliana y mi madre Gloria – estaban esperando recibir los resultados que confirmarían si ambas tenían cáncer.
Un par de años antes, la tercer mujer más importante de mi vida – mi hija Isabella – había sido diagnosticada con una enfermedad reumatoide autoinmune; así que, como te imaginarás, estábamos viviendo una racha que me hicieron desarrollar una relación con los doctores y los hospitales del tipo amor–odio.
Fueron meses oscuros.
Era como si cada cosa realmente valiosa de mi vida estuviera en crisis:
Mi fe en Dios.
Mi esperanza de un futuro mejor.
Mis finanzas personales.
Nuestra dinámica familiar.
Mi salud mental.
Y eso hablando de mí, que fui el menos afectado. ¿Qué decir de Isa y los dolores que le impedían caminar? ¿O de Eli al enfrentarse a una cuenta regresiva prematura? ¿o de mi mamá al considerar el hecho de morir en un país ajeno y lejos del resto de su familia y amigos de toda la vida? (emigró a sus 76 años).
La verdad es que me quedaría corto al hablar del proceso que ellas vivieron. Honestamente, no tengo derecho de hacerlo. Por eso, te compartiré lo que yo descubrí mientras estaba al otro lado de esos diagnósticos…
En esos momentos de dificultad, descubrí una verdad poderosa: la resiliencia no es solo un concepto abstracto, es una habilidad esencial para navegar por las tormentas de la vida.
Hablo de esa capacidad de adaptarme, resistir y, sobre todo, crecer ante las adversidades. No hablo de ignorar el dolor o minimizarlo, sino de aprender a caminar a través de él, sabiendo que del otro lado hay una versión más fuerte de nosotros mismos, aunque no la podamos ver mientras estamos en el valle oscuro de la incertidumbre.
¿QUÉ ES LA RESILIENCIA?
Tal vez en este momento te sientas atrapado en una circunstancia que parece no tener salida. Puede ser un problema en tu matrimonio, una pérdida laboral, un diagnóstico médico inesperado o incluso una crisis de salud mental que nunca imaginaste vivir. La resiliencia no significa que estas situaciones dejarán de doler, sino que tendrás las herramientas para enfrentarlas con valentía.
La resiliencia es como un músculo. No nacemos con él completamente desarrollado, pero podemos fortalecerlo con el tiempo y la práctica. Y, aunque es cierto que algunos factores como la personalidad o el entorno influyen, todos podemos aprender a ser más resilientes.
MITOS COMUNES SOBRE LA RESILIENCIA
“Ser resiliente significa no mostrar debilidad.”¡Falso! La resiliencia no es ausencia de lágrimas ni mantener una fachada de fortaleza. Al contrario, ser resiliente implica aceptar la vulnerabilidad como parte del proceso de sanación.
“La resiliencia es algo que se tiene o no se tiene.”Nada más lejos de la verdad. La resiliencia es una habilidad que se desarrolla, no un talento exclusivo de unos pocos.
“Superar una adversidad significa que no volverás a enfrentar otra.”Desafortunadamente, las dificultades son parte de la vida. Sin embargo, cada vez que practicamos la resiliencia, fortalecemos nuestra capacidad para enfrentar futuros retos.
¿CÓMO DESARROLLAR RESILIENCIA EN TU VIDA?
Quiero compartir contigo algunas estrategias prácticas que me han ayudado a fortalecer mi resiliencia:
1. Cambia tu perspectiva
No puedes controlar lo que te sucede, pero sí cómo respondes. Pregúntate: “¿Qué puedo aprender de esto?” A veces, el mayor crecimiento viene de los momentos más oscuros. La resiliencia comienza cuando transformas tus problemas en oportunidades para crecer.
Aquélla experiencia me enseñó no sólo que la vida es mucho más frágil de lo que imaginaba; sino que:
Todo lo que tengo realmente es prestado. No soy dueño de nada ni nadie.
Debo cuidar lo que se me prestó, porque no sé cuándo lo tendré que devolver.
2. Cultiva una red de apoyo
La resiliencia no es un camino solitario. Rodéate de personas que te levanten cuando caigas, te escuchen sin juzgar y te recuerden que no estás solo. ¿Tienes alguien con quien puedas hablar hoy?
La verdad es que sin otros no habríamos podido superar esa crisis.
Un círculo íntimo que estuvo allí siempre para nosotros.
Una red de relaciones extendida que fue clave a lo largo del proceso (médicos, iglesia, amigos, terapeutas, etc.)
3. Acepta tus emociones
Sentir tristeza, enojo o miedo no te hace menos resiliente, te hace humano. Permítete procesar lo que sientes. Luego, da pequeños pasos para avanzar, incluso si es un paso al día.
Ponerle nombre a lo que sentía fue un gran paso. Miedo, tristeza, dolor, pánico, desesperación o impotencia; fueron algunas de las cosas que reconocí y abaracé.
Pero también la esperanza, la fe, la pasión y la perseverancia fueron una parte clave.
4. Desarrolla hábitos saludables
Dormir bien, mantener una alimentación balanceada y ejercitarte regularmente son básicos. No subestimes cómo estos pequeños actos cuidan tu mente y cuerpo, dándote fuerzas para enfrentar lo que venga.
Mantenerme haciendo ejercicio, yendo a la iglesia, leyendo (no sólo lo que decía google de los diagnósticos).
Tener citas románticas con Eli, tomarme una cerveza con un amigo. ¡Sí, dije eso en la parte de buenos hábitos!
5. Practica la gratitud
Incluso en medio de la tormenta, hay cosas por las que puedes agradecer. Haz una lista de tres cosas que valoras en tu vida. Este simple ejercicio cambia tu enfoque de lo que falta a lo que ya tienes.
Después de un tiempo, pude comenzar a verbalizar mi gratitud.
Agradecí a Dios por las cosas pequeñas y por las cosas grandes. Por las que entendía y por las que no.
6. Fortalece tu fe
Para muchos, incluyéndome, la fe en Dios es una fuente inagotable de resiliencia. En los momentos más difíciles, saber que no estás solo y que hay un propósito mayor puede ser el ancla que necesitas. Reflexiona: “¿Cómo podría fortalecer mi relación con Dios en esta temporada?”
Aunque no compartas mi fe, lo cual respeto, el asunto es este ¿cuál fuente de satisfacción de necesidades profundas tienes? Una fuente inagotable, incambiable y siempre disponible para ti. Cualquier que sea esa fuente, ve a ella, porque la necesitarás.
En mi caso, esa fuente es mi Padre Celestial. A él acudo para hallar refugio seguro, para encontrar esperanza de futuro, propósito y significado, amor y aceptación… y la lista sigue.
PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN
Ahora que hemos hablado sobre resiliencia, quiero invitarte a reflexionar profundamente sobre tu vida. Toma unos minutos para pensar en estas preguntas:
¿Qué desafíos actuales parecen insuperables en tu vida?
¿Qué lección podrías estar llamado a aprender en este momento difícil?
¿Cómo puedes buscar apoyo en los demás o en tu fe para fortalecer tu resiliencia?
¿Qué pequeños cambios puedes implementar hoy para cuidar tu salud mental y física?
Escribe tus respuestas y vuelve a ellas cuando lo necesites. Muchas veces, nuestras reflexiones son un recordatorio de lo lejos que hemos llegado.
RECURSOS PARA PROFUNDIZAR
Para ayudarte a explorar más este tema, aquí tienes algunas recomendaciones que personalmente me han inspirado:
Lectura: “Los dones de la imperfección” de Brené Brown. Este libro aborda la conexión entre vulnerabilidad y fortaleza.
Podcast: Escucha el episodio "Resilience is a Muscle" de The Happiness Lab with Dr. Laurie Santos.
Video: Mira el TED Talk de Lucy Hone, “The Three Secrets of Resilient People”. Sus consejos son simples y poderosos.
UNA VERDAD FINAL
Quizá hoy sientas que las circunstancias te superan. Pero quiero que recuerdes esto: la resiliencia no significa que no caerás, sino que aprenderás a levantarte cada vez. Como alguien dijo una vez, “El roble más fuerte no es el que creció en las mejores condiciones, sino el que resistió las tormentas más fuertes.”
Dios no está al otro lado de la tormenta. Él está contigo, moldeándote y dándote la fortaleza para seguir adelante. Sigue caminando. Sigue creciendo. Porque del otro lado de este desafío hay una versión más fuerte, más sabia, más empática, más agradecida y más resiliente de ti mismo.
¿Te animas a comenzar hoy?




Excelente artículo, muy claro y directo. Gracias, Alejandro por es dosis de alimento para nuestro desarrollo personal y de liderazgo.